LA SEMANA SANTA DURANTE Y DESPUES DE LA GUERRa
A todo/as lo/as casaricheño/as,
vivan en el pueblo o fuera
Con cariño
Casariche 19 marzo 2026
Sin pararme a hablar de los tipos de conocimiento que la Historia nos presenta (empírico, experimental, histórico…), para el fin que pretendo con este artículo, voy a utilizar el que tenemos de nuestra Semana Santa, el histórico, que no entra en ninguna clase de valoración política ni religiosa ni psicológica…
Siempre ha tenido un componente religioso importante. Muchas personas ofrecían al Señor, y algunas todavía lo hacen, acudir descalzas a tal o cual precesión, sin hablar, o incluso debajo del trono, cuando éste se llevaba a hombros… Si no podían cumplir su promesa, se angustiaban hasta que alguien las sacaba de esa situación. Era para la mayoría del pueblo un motivo sólo RELIGIOSO, de agradecimiento, de petición o de adhesión. La Semana Santa significaba para muchos la fiesta más religiosa, más seria, más importante de todas las del pueblo. Hoy es para muchos una más.
La guerra civil influyó sobremanera en la vida de nuestros paisanos de entonces. He aquí algún hecho:
El 21 de julio de 1936, al anochecer, muchos exaltados forzaron la puerta de la sacristía, abrieron la del templo, sacaron las imágenes prendiéndoles fuego, que las consumió, (menos a la de Jesús con la Cruz a cuestas- el Nazareno- que respetaron porque decían que era republicano) y destrozaron todo lo que había dentro, (sagrario incluido) menos los bancos. Consumieron o tiraron las hostias consagradas y derramaron el agua de la pila bautismal. Pasaron a la ermita de San Antonio e hicieron lo mismo. En ambos campanarios colocaron sus banderas. Convirtieron el templo en almacén de trigo y cebada. El día 31 (de Julio), por la mañana entró en el pueblo “una columna del ejército que tomó la localidad y puso el mando en manos de personas de orden” (La mandaba el Comandante Castejón). Desde entonces se siguió celebrando Misa, pero sin poder guardar las Hostias Consagradas por no tener dónde. Poco a poco se fue normalizando la situación aunque acompañada de extrema pobreza, de hambre, de miedo…se adquirieron imágenes etc.etc.
La celebración de la Semana Santa en los pueblos y ciudades del nuevo régimen y durante la contienda, tiene este calendario;
Jueves Santo del año 1936………. El 9 de abril;
Jueves Santo del año 1937………. El 25 de marzo;
Jueves Santo del año 1938………. El 14 de abril
Jueves Santo del año 1939………. El 6 de abril (Una semana después del fin de la guerra
Terminada la contienda, la paz permitió la reconstrucción de los pueblos, aunque lenta, penosa, pobremente. Y nuestra Semana Santa también. Ya empieza a crecer en los corazones de nuestros padres y de nuestros abuelos la triste semilla que el sufrimiento sembró en ellos. Y el fruto que estas flores sencillas y humildes dan es la reposición normal del culto, la adquisición de nuevas imágenes, la vuelta a lo que era. Entonces se liberaba toda la devoción almacenada en el corazón. ¡Cuánto colaboró en este renacer el bendito sacerdote D. José Flor! Las precesiones iban precedidas por la Santa Cruz, que permanecía en la Parroquia en la pared que hay entre las escaleras que suben al altar mayor y la puerta de la sacristía. Se ignora por qué desapareció de all y dónde está.
Una curiosidad de este tiempo es EL TIRO. El jueves santo, por la noche paraba el trono de Jesús Nazareno en la calle La Palma, en la puerta de la que era casa de Basilio. Frente a esta casa, había una pequeña marquesina de tela donde estaba el viejo carpintero Peña. Desde el balcón, un sacerdote forastero y contratado al efecto pronunciaba un largo sermón. Tuvo fama el del Padre Ayala. Y cuando el sermón llegaba a las últimas palabras del Crucificado “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”, Peña, desde su escondite, disparaba un tiro tiro que sobrecogía a todos, El orador acababa su sermón y la procesión continuaba.
Así, año tras año, la Semana Santa ha continuado. Suprimiendo el tiro y añadiendo más riqueza, más ilusión y más belleza. Así ha llegado a nosotros y, mejorada gracias al esfuerzo de las distintas cofradías. Recordemos todo esto y que que llegue a nuestros nietos y descendientespara evitar que se repita.
josé HERRERA RODAS
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